Ah, si el amor tuviera la inocencia de los salvajes, la sencillez de los bárbaros, no nos atormentarían las costumbres corrompidas de los civilizados que en su último afán por reprimirlo crearon un dios único, hipervigilante de nuestras conciencias y conductas, inaugurando con él, la sociedad de los culpables.
(Del libro "Obra Negra" de Alfredo Espinosa)
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